Dolor y gloria

Dolor y gloria

Antonio Balderas interpreta a un director de cine, no lo dice, pero intuimos sin esfuerzo, que se trata del director a cargo de la película que estamos presenciando.

Por su parte, el mítico Pedro Almodovar escribe y dirige la historia sobre un director de cine, no lo dice, pero intuimos sin esfuerzo, que se trata del director a cargo de la película que estamos presenciando.

Actor y director se funden en el mismo personaje diluyendo las fronteras entre la ficción y lo que sabemos real, aunque sea de oídas. Un juego de adivinanzas del que participamos intuyendo personajes y situaciones.

Entonces, irremediablemente, vienen a nuestra mente las películas del director español, aquellas que vimos (tal vez a escondidas) mientras crecíamos, aquellas que se hicieron parte del imaginario colectivo, aquellas que marcaron un estilo dentro del cine español, predominantemente kistch, aquellas protagonizadas por mujeres o por hombres que interpretaban a mujeres o mujeres que interpretaban a hombres interpretando mujeres.

Esa es la marca Almodovar, esa de la que en esta ocasión se aleja, no para ignorarla, sino para verla a la distancia, con la perspectiva que da el tiempo, el éxito, la perdida y el dolor, porque mirarse a uno mismo es mirarse con dolor.

Nos cuenta su historia, desde la infancia, desde la soledad, desde sus amores, desde la adicción, desde la enfermedad, pero en especial desde su perspectiva, por eso es que no podemos pedirle veracidad, a fin de cuentas las cosas no son como sucedieron, sino como las recordamos. Es ahí donde inserta las muchas historias que pueden contarse solas, pero juntas forman una historia de dolor y gloria.

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